Apología de la X (y dejémonos de tanta cruz)

Como cada año, no se ha hecho esperar la campaña de la Iglesia, animando a los contribuyentes a marcar la crucecita en su casilla del IRPF. Contribuyes a causas sociales, a difundir el Evangelio y a expandir la palabra de Dios. Con tales argumentos, parece difícil protestar en contra… Pero intentémoslo. Confieso que llevo años preguntándome bajo qué lógica un Estado aconfesional justifica la inclusión en su declaración de la renta de un desvío directo de impuestos para financiar una religión y su aparato. Argumentos de peso, no ecos del oscuro pasado que vivimos -pues todos sabemos que el franquismo tiene larga y siniestra sombra.

Investiguemos e intentemos ver los beneficios que la sociedad obtiene de la famosa Cruz. En primer lugar, ayudamos a financiar la organización estructural de la Iglesia Católica y a expandir su mensaje. Ahá. Para una joven atea como yo, es un motivo muy lógico para seguir marcando la casilla.

En segundo lugar, se destina dinero a Cáritas, del cual la Iglesia afirma que se financia en un 65% a través de donaciones privadas. El resto proviene de la famosa cruz. Eso está bien, porque hasta el año 2008 el Estado sí asignaba partidas directas en su presupuesto para la fe católica -aunque todavía tienen una larga lista de exenciones y además, entre otros ejemplos, ¡finaciamos sus colegios que segregan por sexo o sus profesores de religión! ¡Doctrina pura y dura!

Volvamos al tema y partamos de la idea de que podría ser bueno financiar a Cáritas. Pero aún así me chirría este modelo que hacemos pervivir, puesto que consiste en una aproximación asistencialista, con la caridad como eje central de su modo de actuar. No osaría renegar del trabajo excelente que Cáritas o Cruz Roja, entre otras organizaciones, realizan para ayudar a la ciudadanía en riesgo de exclusión social o que sufren marginación por encontrarse en una situación económica de pobreza. Han sido durante muchas décadas el pilar de la ayuda directa e inmediata en casos de necesidad, han respondido para cubrir déficits alimentarios, problemas de alojamiento y un largo e importante etcétera.

Sin embargo, con la explosión de la crisis económica no podemos perpetuar este sistema porque está sobrepasado -dada la gigantesca cantidad de ciudadanos que necesitan esta atención- y por otro lado, mantiene el estigma de la población empobrecida, les sigue marcando como culpables de su situación y les deniega aspirar a salir de este bucle de pobreza y marginación social.

En tercer lugar, podríamos pensar que la cruz destinada a la Iglesia contribuye a sus campañas publicitarias, directa o indirectamente. Y cómo criticar sus campañas, anuncios que mantienen como criterio la veracidad o el rigor científico. Campañas como ésta:

ecoCE2013

Una publicidad en la que, según la CE, usan la ecografía de un embrión de ocho semanas. Y según ginecólogos, se han despistado un poco al calcular: es un feto de catorce semanas, el límite para abortar por razones personales, que sólo podrá ser ampliado hasta las veintidós semanas bajo criterio médico. Deja mucho que desear el uso de material científico tergiversado para criticar la decisión de abortar.

Feto 14 semanas

Puestos a gastar 150.000€ en una publicidad, por lo menos exige veracidad. ¡Digo yo! Una campaña publicitaria como ésta, que miente y tergiversa la información relativa al aborto es no sólo vergonzosa, sino claramente denunciable. Aunque, pedirles a los de la paloma y el embarazo virginal que se atengan al rigor científico en sus divulgaciones doctrinales quizás es aspirar demasiado.

Concluyo: sigo sin ver en qué me repercute a mí, como ciudadana, que la Iglesia siga obteniendo fondos públicos desviados del IRPF. De hecho, releyendo más me hace pensar que la consecuencia es escribir en mayúsculas el RIP del Estado del Bienestar. ¿Para qué marcar la cruz de Cristo si puedo marcar la X de los fines sociales? Sin trampas, claro. Porque, agarránse a los cinturones: si marcas la X también destinas a la cruz. ¿Cómo? Fácil, porque los fines sociales incluyen a Cáritas y a Manos Unidas. Y así aparece un pez que se muerde la cola, en el que pierde sentido el argumento de destinar dinero a la Iglesia para financiar su obra social. ¡Es de locos! 

Por todo esto, hago una apología de una X independiente, cuya contribución concience a la ciudadanía y que no desvíe ni un céntimo a un aparato confesional (y retrógrada). Consigamos que se excluya del presupuesto la financiación de un adoctrinamiento que debería estar alejado de las aulas públicas y contenido en la vida privada de cada familia. Reivindiquemos una financiación a fines sociales seria, transparente y con cifras de numerosos ceros. Apostemos por el Estado del Bienestar reforzado y por una reforma fiscal seria que redistribuya la riqueza. Creamos en esta X futura y dejémonos de tanta cruz.

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P/D: Respeto totalmente cualquier fe mientras no interfiera en mis libertades y derechos. Igual que yo podría estar convencida de que existe IPU, respeto que otros estén trabajando en la Tierra para asegurarse un hueco en el Cielo. Sólo querría que ese dúplex en el Más Allá se lo financien sin usar dinero público.

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